Por JUAN T H
Ninguna excusa que impida la unidad de los
partidos y movimientos políticos en un solo bloque para enfrentar y
derrotar la Corporación Económica
Partido de la Liberación Dominicana (CEPLD), es válida.
No importa cuántos sacrificios haya que hacer en
la conformación de la boleta electoral, ni cuántas concesiones ideológicas,
incluso programáticas, sean necesarias.
Creo que lo importante ahora es avanzar. Y para hacerlo es preciso sacar del
poder la nefasta Corporación PLD.
He leído con interés los interesantes
comentarios de Fidelio Despradel y César
Pérez, sobre el particular. También he
leído las declaraciones de Guillermo Moreno, Minou Tavares Mirabal, Eduardo
Estrella y Fidel Santana, entre otros. Todos afirman estar en buena actitud de
sentarse en “la mesa del dialogo” para alcanzar la urgente unidad. Sin embargo
no en todos los casos la práctica se corresponde con las palabras.
De todos los partidos de oposición el principal
es, sin dudas, el Revolucionario Moderno (PRM) que ya, al igual que el Frente
Amplio, escogió su candidato presidencial sin mayores inconvenientes. Creo que
el PRM, antes de elegir o seleccionar a sus candidatos congresuales y
municipales, incluso la escogencia del vicepresidente, debe concluir los
acuerdos o pactos con los partidos que integraran la Convergencia.
Guillermo Moreno habla de una unidad
programática. Lo dice una y otra vez. No
está de acuerdo con un acuerdo similar a los que ha hecho el PLD que no
es más que repartir el Estado entre rufianes y pirañas de la política, algo que
comparto plenamente. Ahora bien, ¿cuál
es la propuesta concreta de Alianza País? ¿Tiene AlPaís un programa de gobierno
para presentárselo a las demás fuerzas? No lo sé. El PRM trabaja en un plan de
gobierno que deberá estar terminado en los próximos días donde participa gente
de mucho nivel político, técnico y académico. Ese programa puede servir de base
a las conversaciones francas y sinceras
entre todos. (Algo bueno saldrá de ahí)
La unidad
no es tan complicada cuando prima el interés de sacar la nación del hoyo
profundo en que lo han metido los irresponsables que ven la política como un
negocio putrefacto que hiere la conciencia colectiva. Hay que ponerse de
acuerdo en cinco o seis puntos fundamentales que incluyan, por ejemplo, una
Constituyente que defina el carácter del Estado y sus instituciones. No hablo
de una revolución, ni creo que nadie lo haga en estos momentos.
No discutimos una unidad ideológica de
comunistas, socialistas, demócratas, socialcristianos y de cualquier otra
tendencia filosófica. Hablamos de terminar con la plaga morada, de salir de esta pandemia corrupta e
inescrupulosa que afecta todo el tejido social.
Las diferencias en muchos puntos las dejamos a
un lado para otra oportunidad. Por ejemplo, no estoy de acuerdo con las
declaraciones de Guillermo sobre el tema haitiano que aparecen en el Diario
Libre, porque si bien el país tiene derecho a regular la migración, no menos
cierto es que ese problema se lo buscó el gobierno con una sentencia racista y
discriminatoria que desnacionaliza a miles de dominicanos de ascendencia
haitiana y que de algún modo premia a los que durante años han hecho negocios
en la frontera con nuestros pobres vecinos que luego explotan en la
construcción, los campos agrícolas y los bateyes. Pero esa diferencia con
Guillermo o con cualquier otro no es obstáculo para la unidad.
Los acuerdos dentro de la corporación PLD, y
luego con el PRD y el Reformista, le harán más daño que bien a Danilo Medina y
su proyecto reeleccionista. El pueblo está rechazando esos pactos que violan los derechos a elegir y ser elegido de
miles de militantes y dirigentes de esos partidos.
Los partidos y movimientos políticos de
oposición verdadera, conscientes de la grave situación del país, tienen que
aprovechar la coyuntura y trabajar en los acuerdos, pactos y compromisos que
demandan las circunstancias. En ese
sentido, los exhortos a no hacer “nada
que perjudique la unidad, ni consolide al enemigo”, porque sería traición.
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